Esperando a Hopper

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“Mi ideal en pintura siempre ha sido la transcripción más exacta posible de las impresiones más íntimas que despierta en mí la naturaleza. Si esto es un fin inalcanzable, también lo es la perfección, y lo mismo se puede decir de todo ideal pictórico y de toda actividad en el hombre” (Edward Hopper, Notes on painting).

Hopper no era fotógrafo, pero podría haberlo sido. Le sobraban ciertas cualidades. Cualidades como la de observar minuciosamente la realidad. Contar cada uno de los minutos intranscendentes de un día, para desmenuzar la existencia en incontables alientos de eternidad. En eso consiste la vida. En vivir, vivir lo que sea. Sentir, pasar, esperar, salir, despertar, comer, correr, jugar, llorar, beber, aguardar, conseguir, vivir. Vivir a pesar de todo.

Hopper analiza primero la realidad cotidiana para después mezclar, combinar y elaborar otra realidad condensada, intensa y contenida en el interior de un lienzo. Una realidad fruto de múltiples visiones, trabajadas a partir de la memoria para definir una visión ideal, un lugar común inherente al ser urbano. Un fotograma de nuestra vida, como si fuéramos estrellas de cine. Por eso, al ver cualquiera de sus cuadros, es fácil sentir que ya lo hemos visto antes, un Déjà vu.

Y en los cuadros de Hopper, la realidad pasa. La vida misma pasa como si no pasara nada, pero así es la vida para cualquiera de nosotros. Solo nuestras vidas y las cosas que nos pasan, tienen importancia para nosotros y para la gente que nos rodea. Más allá de nuestro círculo, el mundo es infinito y los sentidos se desvanecen en el universo. Y en el centro de ese círculo, como en el centro de los cuadros de Hopper, se encuentra una figura de mujer. Una mujer preocupada, satisfecha, cansada, paciente, decidida, pensativa, tranquila y firme.

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Se ha dicho que esta realidad de Hopper es una realidad neutral, abierta a la reinterpretación del espectador que completa la información con su propia experiencia vital. Si como dice el refrán somos lo que comemos y si consideramos la máxima de Pessoa  “lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”, Hopper alimenta nuestra condición paciente, pero no de una forma negativa, que sería lo fácil, sino con un esperanzador sentido positivo, como el que espera encontrar. Mejor así. Esperar para conseguir.

Salud, ánimo y cariño.

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